la comunidad huertera reunida es el verdadero poder
Los movimientos comunitarios alrededor de la agricultura urbana son unos de los activos más valiosos de la sociedad civil
Raquel Cardozo López
Terapeuta Herbóloga FUNIBA, activista ambiental y eco- feminista
Instagram: @herbologaraquel
Los movimientos comunitarios alrededor de la agricultura urbana, la soberanía alimentaria, las huertas como espacio de encuentro y tejido social son unos de los activos más valiosos de la sociedad civil. Nos han permitido crear un gran movimiento de conciencia alrededor de la importancia del alimento sano, libre de pesticidas y abonos químicos, comprender la importancia de los suelos como un ente vivo y acercarnos cada vez más al uso informado de las plantas medicinales para prevenir la enfermedad y tratar los malestares sin caer en la medicación innecesaria.
Este cambio en la conciencia de las comunidades había venido dándose en forma tímida desde hace más de una década, pero a raíz de la pandemia, el encierro, la falta de contacto social y el peligro real de no tener alimentos, permitió que el movimiento tuviera un enorme crecimiento en todo Bogotá, por hablar solo de la capital. Es importante anotar que este fenómeno se repitió en muchas ciudades a nivel mundial y ha resultado en redes de huertas a lo largo y ancho del planeta.
En Bogotá, ya existen redes de huertas en varias localidades, que incluyen huertas privadas y huertas comunitarias. Estas últimas son las que más han tenido que luchar por su derecho al cultivo en espacios públicos, primero tomándose estos espacios sin permiso y protegiendo el trabajo comunitario a través de la presencia y constancia de quienes mantienen las huertas, aún frente a los atropellos de vecinos y vecinas, grupos delincuenciales locales e incluso frente a actores institucionales que las han satanizado. Sin embargo, el movimiento comunitario ha sido tan fuerte y la circunstancia de la pandemia tan determinante, que el Jardín Botánico de Bogotá tuvo que sacar un protocolo para huertas en espacios públicos.
Primero, fue establecido mediante la Resolución 361 de 2020 del Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (DADEP), que se dio a conocer el 30 de diciembre de 2020.
Esta resolución reglamenta la actividad de agricultura urbana y agroecológica en el espacio público de la ciudad, definiendo los lineamientos para la implementación y mantenimiento de huertas, así como el proceso de solicitud y autorización ante el DADEP y el Jardín Botánico de Bogotá. Posteriormente, el Jardín Botánico expidió la Resolución 287 de 2021, que limitó la práctica de agricultura urbana en espacio público mediante la adopción del protocolo específico.
Las huertas y las redes de huertas son autónomas, crecen y se sostienen con trabajo voluntario, por lo que es importante que la ciudadanía, las organizaciones y la institucionalidad, en este caso el JBB, apoye el liderazgo de las organizaciones y personas vinculadas a estos procesos, pues el JBB tiene un presupuesto que le permite cumplir con su misionalidad institucional desde sus propias convocatorias, espacios, recursos y tiempo sin necesidad de superponerse con las redes de huertas, para ser un verdadero aliado y no el eje del movimiento social de huerteros y huerteras que debe ser y reposa en la sociedad civil.
La invitación es a que las comunidades nutran, con su presencia y acción, los procesos comunitarios de las huertas y de las redes que se han forjado con tanto esfuerzo, pues la juntanza de nosotros y nosotras como ciudadanía es la que legitima y fortalece el movimiento de la agricultura urbana y el tejido social que de allí se desprende. ¡¡Las instituciones son aliadas, la comunidad es la protagonista!!